Ventura Morfeo.

agosto 24, 2011

Sonrió, abrió los ojos y con gran entusiasmo gritó que el “hubiera” sí existe.

Danza Rosa

abril 14, 2011

Y ahí estaba yo otra vez, cansado, viendo fijamente al frente, esperando a que el metro invadiera mi vista. Entré sin prisa al vagón, a esa hora no hay mucha gente.

Pasaron cuatro estaciones o tal vez cinco para darme cuenta que había una pareja sentada frente a mi y aunque había asientos vacíos ella estaba sentada en las piernas de él. Me llamó la atención su paupérrima vestimenta y cómo no, si ya estaba harto de ver gente en traje oscuro, siempre tan igual; tenia mucho sueño, creí que el cansancio me hacia ver y no oír, oír y no ver.

Él acercaba su rostro a ella y ella sonreía, ella hacia un movimiento con su dedo indice y a él le brillaban los ojos, se contemplaban uno al otro y se tocaban sus propios cuerpos, sus propia caras. “Qué estúpido soy” pensé, son sordomudos, ¿Cómo se dirán “te quiero”?, cuando tienen sexo ella… cuando le proponga matrimonio él… Estaba hipnotizado con su danza rosa cuando mi teléfono celular comenzó a sonar y automáticamente lo saqué de mi pantalón sin dejar de ver a la pareja, puse el celular en mi oreja, en verdad que sentía un contagio de felicidad, presione el botón para contestar, en verdad que era un espectáculo maravilloso, muecas por ahí, señas por allá…

-¿bueno?, ¿bueno?, ¿amor? -era Fernanda-  ¿cómo haz estado corazón?-

El aire salió como un golpe dejando mis pulmones vacíos, cerré el celular y lo aventé por la ventana a la fría oscuridad del túnel.


Ilu III

marzo 23, 2011

-Recuerdo que desperté bajo el cielo más blanco que había visto, tenia tanto frío que mis orejas me ardían, me mataban. Miré a mi alrededor como si pudiera encontrar algo, pero nada, solo árboles gigantes y neblina penetrante, caminé por horas en círculos tratando de recordar lo ocurrido pero a mi mente solo llegaban vagos recuerdos de pupilas gigantes mirándome, de mis pies descalzos cortados desangrados bajo la lluvia, de animales a punto de morir sin saberlo, de rayos púrpura en el cielo y luego de nada, blanco.

No señor, insisto que no recuerdo a la persona de la foto, no sé de otras personas mas que de usted y de los que me encontraron, no entiendo cómo podría yo conocer a la princesa, no sé cómo, no entiendo por qué zanahoria, llévese la foto por favor, ¡Se lo ruego!, esto es una tortura, por favor…
Mi corazón tal vez recuerde lo que mi cerebro no, y no puedo hacer más. Perdonen señores pero no los puedo ayudar, con su permiso me retiro.-

Aquel joven, duerme, sonríe mientras sueña, se niega a despertar, -pinche loco huevón- murmura el enfermero en turno.

Platónico XVIII

marzo 6, 2011

“No se arranca el pétalo de una flor sin que se estremezca una estrella”, Pablo recargado en un árbol mira al cielo mientras piensa en esa frase, la escuchó en la radio mientras desayunaba y desde ese momento no se le había salido de la cabeza, fue incomodo, en un principio por que no la entendía y después, al entenderla, no creía que fuese posible una conexión de ese tipo, en ese instante, Dulce interrumpió el pensamiento de Pablo con su llegada. Dulce es de las pocas personas que Pablo considera “agradables” , él solía compararla con la sensación de tomar una cerveza helada sobre alguna playa de Veracruz después de comer un coctel gigante de camarón: Felicidad.

-Hola, ¿cómo estas?- exclama Dulce sonriente. Pablo no puede evitar verle los labios mientras ella le platica, imagina que se mueven aleatoriamente como las olas del mar y que su voz es el aire chocando con ellas, ¿como será nadar ahí?, piensa.

Dulce  ríe de alguna incoherencia de Pablo, ¿pero como hablar de algo serio?, la seriedad no combina con la felicidad, no sabe igual, no es rico. -¿no está rico? Pregunta Dulce, Pablo no sabe si pensó en voz alta o fue coincidencia, -No, es el peor helado del mundo, ¿el tuyo de que sabor es?- Pablo observa fijamente los cachetes de Dulce mientras ella le responde -de manzana-, otra coincidencia.

Mas noche, bajo la luna, dentro de la vieja camioneta, llega el fin, -Te quiero mucho- dice torpemente Pablo mientras la abraza para despedirse, siente odio por no saber expresar la totalidad de sentimientos en pocas palabras, insípidas palabras de despedida, Dulce no responde y entra a su casa dejando el olor de su perfume dentro de la camioneta, Pablo no quiere conducir a casa, no quiere llegar, cada metro que se aleja de ella, cada vez que respira el perfume su corazón se estruja, se encoge, Pablo estaciona la camioneta en la orilla de un frío y oscuro sembradío a pocas cuadras de la casa de Dulce, sube al toldo de la camioneta, enciende un cigarrillo, expulsa el humo con un suspiro y mientras contempla la infinidad de estrellas en el cielo piensa -¿será posible?-.

Platónico I

marzo 2, 2011

Martha sirve el café, regresa coquetamente a la mesa con pequeñas galletas. Intenta iniciar la conversación pues siente el ambiente callado. Tod cae de su silla, Martha va en su inmediata ayuda, ella agradece a dios por aún tener a Tod en su vida pues ya es muy viejo. Continua la conversación. Todos lucen serios, menos Martha (parecería que ella fuera la única con vida). Max es el más joven del grupo, pulcro y fornido; En esta ocasión, por suerte, Martha se ha sentado a un lado suyo, ella ríe, él la mira tímidamente de reojo, piensa en cómo decir algo inteligente para impresionarla pero calla, siempre calla en el intento.

Es hora ya de la sobremesa, se acabó el café y es hora de las pinturas, el ambiente se ha relajado por completo. Martha voltea a ver a Max y por un momento admira su seriedad, regresa la mirada al grupo que con mucha concentración admiran las pinturas, Martha comienza a respirar agitadamente, sus delicadas piernas se separan como si tuvieran vida propia, ella no sabe el por qué pero no se resiste, de bajo la mesa su mano busca a Max, lo sujeta fuertemente y lo guía hacia su entrepierna, Max disimula perfectamente, nadie en la mesa se ha dado cuenta, en cambio Martha está a punto de estallar, como un volcán a punto de expulsar un grito extenso de lava-placer, grita, voltea la mesa, las pinturas vuelan por todos lados,Tod queda bajo la mesa sin moverse, parece que ha muerto, Martha esta ahora encima Max haciendo movimientos torpes, frotando su entrepierna con él. Una voz grave se escucha a lo lejos, es el padre de Martha quien ya ha entrado a casa,el miedo corroe a Martha, rápidamente se acomoda la ropa interior, alisa su falda, retoca su peinado, acomoda la mesa en su lugar, coloca a Tod y a Max en el baúl. El juego ha terminado.

Ventura II

marzo 2, 2011

Camina en círculos. Sus viejas botas gastan la banqueta de la esquina que ha pisado por años. Parece ser el rey de la calle. Nadie sabe su nombre, pero le dicen “Chivo” y no sé por qué, sí su barba es escasa, canosa, larga pero al fin escasa.

Parecería ser indigente común, sin embargo suele ayudar a las personas a poner los puestos que alimentan a infinidad de alumnos de la preparatoria que se encuentra en la contra esquina de la banca de donde él duerme.

Un tarde, esperando, el Chivo volvió a ver a Ana, muchacha del quinto semestre, pequeña con grandes senos, la falda del uniforme mas corta de lo habitual,hermosa, ella ríe en el centro de un tumulto de chavos arpías en celo, tiene una llamada, es su novio, contesta el celular mientras huye del tumulto  tapándose una oreja para oír mejor, camina sin saberlo en dirección a la oscura esquina del Chivo, el Chivo sonríe mostrando lo que le queda de dientes podridos, apaga su cigarrillo en la pared, mira a su alrededor, nadie los ve, es su momento, Ana sin darse cuenta se encuentra ya frente a él, el chivo traga saliva, tenia tiempo que el corazón no le latía tanto, desde la última vez, Ana alza la mirada, se ven frente a frente, se erizan los bellos de sus sucios brazos, Ana sigue su camino.

El chivo se sienta frente a la preparatoria que yace ya vacía con las luces encendidas, fumando a oscuras, pensando en lo sucedido, si tendrá otra oportunidad, sí por fin, después de cincuenta años podrá  vencer el terrible miedo de hablar con su amada.